jueves, 25 de enero de 2018

¡Cómo conocí a Neruda!


¡Cómo conocí a Neruda!
Por
Juan Manuel Carrión Delgado

"Buscando las palabras se encuentran los pensamientos" (Joseph Joubert).

Buenas tardes a todos los presentes, las mejores luces del ITSX, es un lujo para mí, el contar con tan distinguidas personalidades.  Me congratulo por compartir y departir mi gusto por la palabra escrita, en este caso, una remembranza.

Hace algunos años, al término de mi disertación  académica, con un auditorio pletórico   de juventudes entusiastas, en torno al calor y la algarabía propia del ambiente estudiantil, me solicitó, al paso, <<una infanta que frisaba los diecisiete  años, su sonrisa enmarcaba la faz de la mirada inteligente, de quien espera recibir el mayor presente, en  tiempo perfecto>> con un cuasi susurro, ¿Cuál ha sido el día más feliz de su vida? 

Sin premura, respondí, ¡el día que aprendí a leer y a escribir!

 Rauda centella remembró mi párvula infancia, vestida de ausencias, escuálido, primogénito de viva imaginación, arquitecto de mundos imposibles y Lord de tesoros de papel. Al tamborileo del lápiz y papel, de consonante y vocal, sílaba tras sílaba, en el sonido, surge la palabra, milagro   que   irrumpe, portentoso rayo de luz que expande y comunica, universo sin límites.  Ahora,  todo tienen sentido, kairós,  sujeto y objeto en una misma danza, fuerza activa, nombro y puedo ser nombrado.

Vocablo a vocablo recorro Las venas abiertas de Américalatina y los veinte Poemas de amor y una canción desesperada. Conozco la prosa y el verso, de Galeano, Benedetti y Neruda, titanes continentales, a la distancia, en mi sendero, aprecio su luz de estrellas fenecidas. Soy peregrino que retorna al raído “mostrador de madera”, campo de juegos, lugar de mil batallas, territorio que resume el cosmos entero.

El aquí y el ahora me retrae de la inefable ensoñación. En mi desiderata, palabra y conocimiento, son tesoros, que, a diferencia de otros, cuando los compartes, no disminuyen, crecen y se agigantan cada día que pasa, como las olas, esas olas, que no pararán jamás.

La alquimia de la palabra escrita me transmuta, en el imaginario, en silencio recito a Neruda “Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”.

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